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La música chilena y la otra pandemia: El desempleo

La música chilena y la otra pandemia: El desempleo

13 meses han transcurrido desde el inicio de la pandemia, y si bien el efecto de ésta a nivel macroeconómico ha sido devastador, el sector cultural y/o del entretenimiento sin lugar a dudas ha sido uno de los más afectados.

Y es que sin siquiera una advertencia, esta pandemia se ha transformado en la peor pesadilla para el mundo del espectáculo. ¿Qué instancias existen para los músicos de poder mantenerse a flote, ahora que el país completo se halla en confinamiento?

Ya en septiembre de 2020, desde el gremio artístico tildaban la situación como “crítica”, acusando un escaso apoyo por parte del gobierno, que para ironía de todos, su gestión no ha sido más que silencio a los profesionales de la música nacional. 

“En nuestro rubro somos invisibles, no tenemos ningún beneficio del Gobierno y son muchas personas que no llegan a fin de mes”, aseguraba entonces Anthony Guterac, vicepresidente de la AGTAE.

Y es que aun cuando las condiciones de la enfermedad han permitido el gradual desconfinamiento en algunas ciudades del país, esto no ha favorecido en absoluto a la cultura, dado que tanto conciertos, como cines y teatros han permanecido con puertas cerradas.

Incluso peor es el caso de algunas medidas sanitarias que, desafiando toda lógica, prohibieran a músicos presentarse en restaurantes, a fin de evitar que las personas cantaran y hablaran en tonos de voz más altos. Esto no es más que el equivalente a un balde de agua fría por parte del oficialismo, para un segmento de la sociedad, que aun cuando ya fuera históricamente marginada, hoy pareciera haber sido dejada completamente a su suerte, bajo el espíritu de “sálvese quien pueda”.

Y si bien han pasado bastantes meses desde que dicha política fuera presentada por el Ministerio de Salud y luego catalogada como “recomendación” ante la presión del sector artístico, lo cierto es que la situación no ha mejorado en absoluto para los músicos y artistas nacionales, quienes hace menos de tres meses y bajo la consigna de “salvemos la música chilena”, habrían increpado al gobierno en pos de soluciones concretas para asistir a quienes no solamente se han llevado la peor parte de esta enfermedad, sino que tampoco califican como beneficiarios de apoyos ni subsidios estatales.

Esto último denota la clara discriminación que existe para con los artistas del país, que a cifras de la SCD suman hoy más de 20mil trabajadores en todos ámbitos de la música, y de quienes las autoridades solo parecen acordarse cuando las cosas marchan bien, o bien para eventos de carácter nacional como el Festival de Viña, por ejemplo.

Precisamente son este tipo de situaciones y conductas, normalizadas hace décadas, que generan estancamiento y una desesperanza aprendida entre quienes ven del arte su profesión.

Uno se preguntaría, ¿cómo es que pueden funcionar malls, bares y restaurantes, sobre todo durante el período estival, y con una capacidad considerable, pero no conciertos con aforo reducido?

A propósito de los malls, más de alguno se acordará de las largas filas de personas esperando el ingreso, de los deficientes controles de temperatura y de las numerosas aglomeraciones en pasillos. Irónico por decir lo menos.

Últimamente se ha hablado de trabajos y comercios esenciales, pero la verdad es que todo trabajo es esencial para quien depende de él.

Actualmente, con un número de casos de contagio en aumento, aun pese a una categórica cuarentena nacional, cabe preguntarse si dichas medidas sanitarias son tan efectivas como se cree, considerando las consecuencias macroeconómicas que suponen.

¿Qué dicen los expertos a nivel internacional acerca de esto?

Un estudio financiado por Stanford y publicado en enero del presente, analizó los efectos en el número de casos de contagio por COVID19 en 10 países distintos: Inglaterra, Francia, Alemania, Irán, Italia, Holanda, España, Corea del Sur, Suecia y Estados Unidos, concluyendo que en muchos casos pareciera no existir una diferencia significativa en el número de casos de contagio entre aplicar medidas poco restrictivas, y muy restrictivas (confinamiento y cierre de establecimientos).

Más aún, habiendo quedado en evidencia el hecho de que en muchos casos, la decisión del gobierno de permitir únicamente el funcionamiento de establecimientos como los mencionados anteriormente, en la práctica no fuera más que una mera ilusión de seguridad, los argumentos en pro de mantener bajo llave los conciertos (aun considerando aforo reducido) se desmorona cual castillo de naipes.

Si ese es el caso, tal vez el foco de las autoridades debiese estar puesto en robustecer sus procesos internos; eficientar la campaña de vacunación, la que pudiendo haber sido un caso ejemplar a nivel internacional, finalmente quedara completamente eclipsada por una falta de gestión; y brindar apoyo directo y monetario al sector cultural, cuya tasa de desocupación según cifras de Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la UC, se estima en más de un 40%.

Admirable es el caso de Nueva Zelanda, donde el gobierno ha destinado $268 millones en auxilio a las artes (y con especial foco en músicos), para un periodo de cuatro años – una suma considerable para un una población de cinco millones de habitantes.

Esto marca un claro contraste con el manejo de la situación en Chile, donde las únicas instancias reales de “auxilio” han llegado en forma de los dos retiros de fondos de pensiones y algunos concursos. ¿Es esto suficiente?

A ratos pareciera que nos enfrentamos a dos enfermedades: a un lado tenemos el virus, y al otro, la ceguera colectiva de las autoridades que no les deja ver que tanto músicos, técnicos, actores y en definitiva todos quienes componen el ámbito del entretenimiento, irónicamente, merecen ser escuchados.

Si no nos mata el virus, lo hará la pobreza.

Cima